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Bienvenido a este espacio, a esta ventana que se abre para que puedas disfrutar de otra manera del mundo mineral. Es un espacio en el que te propongo algo parecido a un juego, en el que te invito a que mires las piedras y minerales de otra forma a como se suelen interpretar. ¿Qué piensas si te digo que las piedras son seres vivos? ¿Te ríes? ¿Piensas que estoy loco?... Bueno, la verdad es que lo mejor que puedo desear que recibo de cualquiera es una sonrisa, y en cuanto a lo de loco, ya ves, ¿quién no está loco, aunque sea un poquito? Te lo decía antes, se trata de jugar. De momento me conformo con eso, quizás pronto seas otro loco o loca como yo. Dependerá de tu experiencia, no pido en ningún momento que lo aceptes sólo porque te lo diga yo u otras personas. Se trata, tan sólo, fíjate que sencillo, de atreverse, de ponerse otras gafas diferentes a las habituales y mirar a las piedras como lo haces con las plantas o con los animales. ¿Qué puedes perder? A cambio, si te atreves a experimentar, quizás encuentres unas posibilidades nuevas que hasta el momento no tenías. Nada a perder, todo a ganar. Creo que la idea extendida y general de considerar a las piedras como seres carentes de vida viene fundamentalmente derivada de la dificultad de “ver” su nacimiento, su crecimiento y desarrollo posterior y, por último, su muerte. También, lógicamente, porque la interacción que tienen las piedras con nosotros parece inerte, digo parece. Dan la sensación que están carentes de casi todo lo que nosotros consideramos síntomas de vida: no se mueven, no hablan… Ir en contra de lo establecido, de lo aceptado por la mayoría, es muy difícil. Lo sé. Ahora bien, recuerda que el conocimiento, lo que la ciencia da por verdad en un momento u otro de la historia, es muy variable. Es más, aún cuando aceptamos cosas a pies juntillas, ¿cuántas veces lo hacemos en contra de nuestros sentidos, el primero de ellos el sentido común? Un ejemplo, escogido porque va muy ligado a este mundo de las piedras y minerales. ¿Cuántos siglos han tenido que pasar para que aceptemos que la Tierra se mueve, cuando a nuestros sentidos no hay duda de que, salvo terremotos, nada indica que nuestro planeta sea algo no estático? Sin embargo, este locuelo planeta nuestro gira sobre sí mismo originando el día y la noche a una velocidad de 1.620 Km a la hora y en torno al Sol a 106.000 Km/hora ¡Menudo coche de carreras! En ningún momento me considero un iluminado. No es eso. Simplemente piensa que lo que hoy parece tan evidente, quizás mañana venga la ciencia y nos diga otra cosa. Ya nos ha dicho y demostrado que la Tierra se mueve, ¡y cómo!, y mañana, bueno, o dentro de unos días, meses o años, nos diga y demuestre que las piedras también son seres vivos. Ahora bien, cada cosa en su sitio. Vivos, pero de otra manera a la nuestra o a la de las plantas o animales. Y eso no es una mala noticia. En la variedad está el gusto, dicen por ahí. Si las piedras son seres vivos, pero de otra forma, también las relaciones, beneficios y oportunidades que nos brindan lo son: ¡Una nueva oportunidad! ¡Otra forma diferente de interactuar! Ya sabemos de las propiedades, bondades y oportunidades que para el hombre tienen las plantas y los animales. Ahora, en el momento que te lo permitas, puedes obtener una ayuda suplementaria por parte de las piedras. Hasta el momento, sólo hemos aprovechado algunas de las propiedades que nos aportan las piedras y muy ligadas a esa concepción de seres carentes de vida. Así, las hemos utilizado para hacer nuestras casas, iglesias o castillos; como fuentes de energía (carbón, por ejemplo) o como recursos industriales. De los minerales de hierro hemos sacado el acero para nuestros barcos, de la galena el plomo de nuestras tuberías, del cinabrio el mercurio para nuestros termómetros o de la sal gema o silvina la sal para conservar nuestros alimentos, etc, etc. Ahora, o dentro de unos días, cuando te lo permitas, podrás obtener muchas más cosas adicionales. Además, mucho más importantes. Puede ser algo parecido a lo que te ocurriría si hubieras vivido en una isla en la que no existiera ningún animal y, de pronto, te trasladaras a otra isla repleta de caballos, gatos, perros, pájaros, peces, etc, etc. Pero he dicho parecido, no igual, ¡diferente!. Es evidente que no encontrarás ninguna piedra en la que puedas montarte y que te lleve de paseo por ahí como lo harías si fuera un caballo. ¡Pero quién quiere eso, cuando ya tenemos caballos! ¡Aquí está la clave! Lo que nos aportan los minerales, en cuanto te permitas “jugar” a la posibilidad de verlos y entenderlos como seres vivos, es algo nuevo, diferente, algo que viene a sumar, a aportar cosas de las que carecemos, de las que hasta el momento no nos hemos permitido. Por tanto, un mundo nuevo. Y como todo lo novedoso, un gran misterio, una aventura. ¿No te parece, por lo pronto, divertido, estimulante, atractivo, sugerente, etc, etc, etc? Y si tienes miedo, ese sentimiento tan humano, voy a decirte algo muy simple: tranquilo, lo peor que puede pasar es que no pase nada. Es decir, que todo siga igual; que no consigas descubrir nada, que las piedras sigan siendo para ti un ser inerte y carente de vida. Como ves, no arriesgas nada, nada pierdes. ¡Pero hay tanto a ganar! |